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viernes, 16 de octubre de 2015

El Acuerdo Transpacífico ¿Una amenaza a la integración latinoamericana?

Si en el siglo XX el Canal de Panamá marcó la separación del continente en norte y sur, en el siglo XXI el TPP divide a la región en este y oeste.

El recientemente firmado Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) tendrá implicancias determinantes no solo para el futuro de la economía internacional, sino del orden global. 

El riesgo para América Latina es que esa división se traduzca en diferencias de regionalización y divergencias de regionalismo.


La primera hace referencia a un proceso de naturaleza más bien económica, liderado principalmente por actores no estatales comerciales (compañías) y financieros (bancos y organismos de crédito).
El segundo resalta las dimensiones institucionales y políticas. Entendida como el proceso creciente de transnacionalización, la regionalización latinoamericana es la dimensión más directamente impactada por TPP. En una etapa de capitalismo globalizado organizado alrededor de cadenas de valor, el TPP introduce alteraciones que impactarán en los patrones de inserción nacional de cada uno de los países/sectores/eslabones.

Compañías asiáticas y latinoamericanas verán cómo cambiarán sus costos y beneficios a causa de la nueva estructura institucional y es esperable un realineamiento de intereses y estrategias a las nuevas oportunidades y amenazas.

La Alianza del Pacífico (AP) ha sido postulada por políticos y analistas como una fuerza contraria al Mercado Común del Sur (Mercosur). Ese nuevo agrupamiento sería pragmático en lo político, abierto en lo comercial, liberal en lo financiero y más funcional a los intereses de Estados Unidos en lo geopolítico. El Mercosur, por el contrario, sería un anacronismo estancado por su populismo ideológico, su defensa del proteccionismo mercantilista y el recelo de los actores financieros internacionales, aunque a la vez sea el sostén de un proyecto más autónomo de Washington. Estos dos modelos diferentes de integración –regionalismo abierto y bilateralismo competitivo– no son inherentemente incompatibles o antinómicos. De hecho, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) ha hecho propio el lema «unidad en la diversidad».

Pero desde una perspectiva de economía política internacional, el TPP provee una estructura externa de incentivos que favorecen y fortalecen coaliciones internas de poder con visiones y gestiones de proyectos de desarrollo nacional que no tienen a la integración latinoamericana como prioridad estratégica. La integración económica nacional y la integración económica regional en América Latina tienen que tomar en cuenta los nuevos límites y oportunidades del TPP con urgencia y profundidad en el análisis.

El incentivo externo del TPP podría generar que tanto regionalización como regionalismo acaben capturados por intereses y agendas extra regionales. El TPP ha introducido para América Latina una amenaza estratégica de largo plazo: la recreación hegemónica. Ya sea intencional o involuntaria, desde el Norte o hacia el Este. Sin «conciencia de región», América Latina perderá espacio de acción internacional y quedará siendo geopolítica y geoeconómicamente relegada a una posición funcional a diseños más allá de su opinión y control.


D. Lauric.
manifestación contra el tpp
Imagen publicada de manifestaciones contra el TPP

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